quiero sentirte, escucharte aún,
quizás en mi mente,
quizás en mi corazón.
Si continuo caminando,
tenlo por seguro, tú eres el motivo,
sigues siendo luz para mi alma,
eres mi propuesta de cada día.
No existe momento que no vibre al recordarte,
calmas las tormentas, me das respiración,
me sostienes con tus manos y me elevas,
te has quedado con mi corazón,
me mantienes dentro de ti.
Es el silencio y la osbcuridad que me traen a ti,
una y otra vez, vuelvo a caer,
vuelvo a ceder a tu pasión,
vuelvo a recordar tu aroma,
bendito antídoto para mí, si no te vas,
es porque yo no te dejo ir.
Mis pupilas te miran y te conquistan,
perdidas en la alucinación de tu figura,
esa que se acerca y me seduce,
en la que me pierdo, esa que mis manos desean,
cuando poco a poco alcanzo tu piel,
te convierto en mi pertenencia,
y poco a poco te derrites en mi cuerpo,
tu esencia se va haciendo mía,
tus estremecientos me hacen continuar,
y de pronto inventamos figuras,
como dos mundos que se dejan llevar
y poco a poco formamos una vía,
una sola que tú y yo entendemos,
nos elevamos, sublimemente ya no
pertenecemos a este planeta,
somos aquella constelación brillante y fulminante,
etérea y cautivadora,
somos un embrollo de calor que explosiona
en una mirada y un grito mudo
clavado en la habitación;
pero mi memoria es frágil hoy día te tengo
y mañana quizás ya te hayas esfumado.